Pues sí, cómo lo leéis. Ya hicieron funcionar el Doom en calculadoras Cassio y ahora lo han hecho funcionar en una caca, por estrafalario que parezca.
La artífice de que digamos "quizá hemos llegado demasiado lejos" es Lauren Ramlan, estudiante de doctorado en biología en el MIT, y quien ha elaborado un experimento por el cual el juego funcione a nivel microscópico. Según menciona, y perdonadnos si no somos tan versados en biología como ella, para hacer posible este experimento, la doctora manipula un grupo de bacterias intestinales (o E. coli) para que las bacterias individuales puedan brillar o permanecer oscuras, y con esto representar DOOM.