Pues me gusta que no haga realmente trampas. Sí, se pone la bola muy cerquita del hoyo al ver que le cuesta, pero eso en un crío de esa edad no es trampa. Si hubiera sido cualquiera de mis sobrinos estoy seguro de que al tercer o cuarto intento fallido habría agarrado la bola y la habría metido directamente con la mano 😆
A ese niño (o niña) realmente le gusta el desafío y persevera, aunque sea a su manera.