Con este calor, terminar de trabajar, hacer ejercicio, una ducha fría y tomar una cerveza bien fresquita es un deber moral, social y de desarrollo personal. Y para eso no me hace falta nadie.
Y últimamente, al comer en la terraza, una copita de vino suele caer.
Lo cierto es que suelo beber alcohol casi a diario, pero sin pillar siquiera el contentillo. En invierno se reduce el consumo al mínimo.