Historias de palabras (18). Gabacho
LENGUA
Por Alberto Montaner
El término gabacho, de acuerdo con su étimo (pues procede del occitano gavach, ‘montañés’, y, por extensión, ‘palurdo’), designaba originalmente a los gascones, es decir, los habitantes de la región francesa al norte de los Pirineos centrales y occidentales, como explica Alonso de Castillo Solórzano en su novela picaresca La niña de los embustes (1692): «éste era natural de Gascuña, en Francia, a quien en nuestra España llamamos “gabachos”. Había sido ocupado en el oficio de buhonero, trayendo caja y vendiendo por la corte». Ese sentido regional tiene en la comedia de Guillén de Castro Los mal casados de Valencia: «¿Soy yo gabacho o francés, / para escribirme y burlar / en ese lenguaje?», y en el romance Los borrachos de Quevedo, donde aparecen «tres gabachos y un gallego», llamándose los tres primeros Pierres, Jaques y Roque.
Sin embargo, esta distinción se perdió pronto y la voz pasó a ser sinónimo de francés en general, como se ve en una de las jácaras del propio Quevedo: «Sus ojos son dos monsiures / en limpieza y claridad, / que están llorando, gabachos, / hilo a hilo sin cesar». Por eso en la comedia de Lope _La escolástica celosa_Leonardo le pregunta al gracioso Valerio, que se expresa en mal castellano: «¿Sois gabacho o sois valón?», pues de suyo ambos hablarían francés.
Finalmente, el término pudo designar de forma laxa a cualquier extranjero, como en estos versos de una loa anónima de 1609: «Y luego vino un gabacho / de Ingalaterra o Calés, / sin narices en la cara, / más feo que Lucifer; / porque le dio unos sartales / y unas medias de Ambers». Es más, en el siguiente pasaje de la comedia Las firmezas de Isabela de Góngora parece significar simplemente ‘forastero’: «Si es gabacho el que camina / desde Illescas a Toledo, / como quien pasa en un credo / de una casa a otra vecina, / gabacho soy, pero honrado». Actualmente en México se usa a veces como sinónimo de gringo.
En algunas variedades lingüísticas hispánicas ha pasado a significar ‘cobarde’ o ‘pusilánime, que carece de valor y brío’. El testimonio más antiguo es, precisamente, de un francés, a principios del siglo xviii, y se refiere al dialecto andaluz: «El nombre de gabacho de que los españoles se sirven para indicar a los que desprecian y sobre todo, a los franceses, significa un hombre de nada, un andrajoso, un cobarde, y responde bastante a lo que nosotros llamamos en Francia un belitre o un tunante» (Jean-Baptiste Labat, Viaje por Andalucía: en los años 1705 y 1706, cap. IV)none. También tiene esa acepción en castúo o dialecto extremeño pacense (Gómez Sánchez, Dichos y modismos del lenguaje extremeño, s. v.) y en aragonés, como atestigua Ramón J. Sender en sus Relatos fronterizos (1972): «Con el tiempo, en mi aldea natal, gabacho se hizo sinónimo de cobarde. ¡No seas gabacho!, nos decían a los niños si llorábamos». La equivalencia gabacho = cobarde en aragonés la recogen también José Ignacio López Susín y María Dolores Montaner Susín en su Bocabulario de Plasenzia (Sotonera), s. v. Lo mismo sucede en navarro: «gabacho, cha. Se usa mucho en el sentido de cobarde, tumbón, falso para el trabajo: No tengas miedo; no seas gabacho. Ese es un gabacho que no ha trabajáu en su vida» (Iribarren, Vocabulario navarro, s. v.). En gallego, en cambio, ha pasado a significar ‘presumido’ (X. L. Franco, Vocabulario galego-castelán, s. v.), algo que, en principio, uno consideraría que en el imaginario hispánico se hallaba más asociado a los franceses que la cobardía; pero estas son las sorpresas y revelaciones que depara la indagación léxica.