Hace un par de años, habiendo conseguido un muy buen trabajo y teniendo bastante tiempo libre, pensé que era el momento de colaborar también con otra gente y ayudar en lo que pudiera. Decidí apuntarme como voluntario y Cruz Roja era la que más facilidades daba, así que tras pelearme un poco con las horas (las oficinas estaban abiertas hasta no muy tarde, coincidiendo con cuando trabajo, y los viernes cerraban antes) acabé concertando una entrevista.
Al principio muy bien. Me preguntaron qué formación tenía y que sabía hacer, y en principio les gustó bastante y me dijeron que podría encajar y hacer muchas cosas diferentes. La señora que me atendió era muy maja y parecía tomárselo con mucha pasión. A las dos semanas hice una formación de unas horas, obligatoria antes de poder colaborar, y todo bien. Bastante básico, sencillo, directo... Muy enfocado a veces en la tan sonada multiculturalidad, pero nada demasiado escándaloso, y al final suelen ser colectivos desfavorecidos, es lógico que haya enfoque en ello. Buen feeling.
Quedaron en llamarme después de unos días. Los dos días se conviertieron en dos meses. Llamé yo. Dijeron que habían tenido lío y que me llamarían en unos días. Nada. Me llamaron como cuatro o cinco meses después, para una campaña concreta. Me pillaron en plenos exámenes y dije que no podía, pero que estaba interesado en ayudar y que dos semanas después de eso podrían contar conmigo para lo que quisiesen. Aún sigo esperando esa llamada, y como digo, han pasado ya dos años desde el trámite inicial. Los emails pidiendo perras llegan con regularidad, eso sí.