Inkisidor --Si es algo relacionado con magia debes concentrarte en una palabra y recitarla como si fuera un conjuro desde lo más profundo de tu ser! Y es un tumba quizás requiera alguna posición de rezo o algo! Rapido!!!!
--¿Que tengo que hacer qué?
Milly odiaba esta misión: los enemigos eran zombies cuya carne no servía para comer, a los que no podía manipular. Rynne, de la que sí podía haberse alimentado, había sido devorada por las llamas. El amuleto de paso que querían conseguir como recompensa, desaparecido. Visitando lugares sagrados que la rechazaban hasta el punto de hacerla vomitar, aunque ella iba para averiguar cómo ayudar contra el mal de esta tierra. ¿Y ahora encima tenía que arrodillarse y ponerse a rezar, diciendo palabras cursis? ¿Qué broma era esta?
¿Qué te hacía alzarte y perder la razón? El conocimiento, la sabiduría y el poder te hacían alzarte, pero no te hacían perder la razón necesariamente. Tampoco la muerte, la inmortalidad o el tiempo. Si hablábamos de Maergrath, si es que era uno de los siete, tenía que estar relacionado con la pérdida de su familia, que era lo que lo motivaba a seguir adelante. ¿El amor? ¿El dolor de la pérdida? ¿La locura? Pero, ¿no era la locura la consecuencia, no la causa?
--En serio tengo que hacerlo...
Milly se arrodilló, entrelazó las manos, cerró los ojos y se concentró en una palabra, la que creía que guiaba la motivación de Cael Devran, luego convertido en Maergrath: el deseo de volver a ver a su familia, el amor, entendiéndolo también como el dolor por la pérdida de su familia.
--¡EL AMOR! --gritó.