Milly
Milly respira hondo. La runa la observa sin ojos.
Coloca los dedos sobre sus bordes curvos, y la piedra —aunque gélida— cede con suavidad, como si estuviera esperando ser girada. El primer trazo se alinea. El segundo gira con un leve clic seco. El tercero encaja.
Por un instante… nada.
Luego, un sonido.
No un chasquido.
No un trueno.
Un susurro helado, como si alguien hubiera exhalado muy cerca de su nuca.
El mecanismo se detiene.
Y entonces, el aire cambia.
Un humo blanco y espeso comienza a brotar de las juntas del arco, como si la piedra transpirara escarcha. El suelo cruje bajo sus botas.
El vaho le rodea las piernas.
Sube.
La envuelve.
Y luego, el frío muerde.
No es el frío del invierno.
Es algo más antiguo, más profundo, como si la temperatura del plano mismo descendiera. Milly jadea. El aire le quema los pulmones. Las manos se le congelan al contacto con la propia piel.
Grietas blancas recorren sus brazos, como venas de cristal.
El cuerpo no tiembla: se entumece.
Y la quemadura helada comienza a rasgarle la carne.
Ha fallado.
Y la puerta,
aún cerrada,
le hace saber que no es la primera que lo intenta.
🎲
🎲
🎲
🎲
🎲
Milly recibe 3 puntos de daño.