El huracán Melody no fue suficiente contra el 'typical spanish' que jamás nos funciona, si es que es pa matarnos; claro que nunca ha estado Eurovisión tan cerca del abismo
Si la UER no sabía que hacer para acabar con el Festival de Eurovisión después de casi siete décadas, esta vez ha rozado el drama. ¿Alguien se imagina qué habría pasado si Israel hubiera ganado la 69ª edición? Pues durante los minutos más taquicárdicos que algunos podemos recordar lo hemos visto posible. Y, con ello, la continuidad del Festival ha peligrado. Sólo la justísima victoria de Austria, gran favorito del año y merecidísimo ganador, nos ha salvado de la mayor tragedia imaginable. Más vale que alguien asuma con urgencia que mientras se deje seguir participando a un país en guerra y decidido a gastarse mucho dinero para convertir el concurso en su mayor plataforma de blanqueamiento, esto no volverá a ser ni por asomo lo que tiene que ser.
Y en lo que nos toca más de cerca. Lo dice la letra de su canción. Una diva es valiente, poderosa y tiene más fuerza que un huracán. Y exactamente eso es lo que ha transmitido una sensacional Melody en su fantástica actuación en el St. Jakobshalle de Basilea que ya forma parte para siempre de nuestra historia eurovisiva por más que, tristemente, los votos no hayan llegado. Melodía Ruiz Gutiérrez ha cuajado una performance mucho más que resultona, impecable de voz, con gran precisión técnica en un número nada sencillo de coreografía y realización, y con un derroche de divismo que es pura fantasía y que nos ha hecho gozar como posesos a quienes amamos este festival que no deja de crecer, de reinventarse y de asombrar después de 69 ediciones. Melody nos ha llevado en volandas hasta Suiza en los últimos meses, demostrando que es una artistaza, que tiene todas las tablas del mundo y, sobre todo, que es una curranta con gran pundonor que se tomaba muy en serio eso de ser la abanderada de todo un país y que se iba a dejar la piel para que su número callara algunas bocas y mereciera el aplauso unánime. Y así ha sido. Todo eurofan puede sentirse más que orgulloso de haber tenido una representante como la de Dos Hermanas, que se ha acercado al Festival con tanto respeto, capaz ella solita de haber disparado el hype para dotar de la máxima expectación e ilusión a la candidatura.
¿Y entonces? ¿Se compadece todo lo dicho con el 24 puesto en el que hemos quedado? Eurovisión no son ciencias exactas ni resulta siempre fácil explicar lo que ocurre en la gran final de cada edición. Pero era hacernos trampas en el solitario si pensábamos que nos iban a llover los puntos de Europa sólo por llevar a una diva tan extraordinaria como Melody cuando si hay un concurso que cuenta en su ya larga historia con un listado interminable de divas es justamente Eurovisión. No es ya que la tendencia actual las haya apartado en beneficio de otro tipo de propuestas -todo son modas y volverán, pero por desgracia Melody ha llegado al Eurofestival unos cuantos años a destiempo-, sino que las eurodivas que quieren comerse algo en el certamen en estos momentos tienen que aportar o una canción icónica al estilo de Fuego de la diosa Eleni Foureira o una performance rompedora y tan llamativa como ha hecho en esta edición otra diosa como Erika Vikman, artista de la que no se ha dejado de hablar en Europa desde que ganó el UMK de Finlandia con su irreverente e hipersexual ICH KOMME. Y no. No era el caso de nuestra Melody.
Lo dijimos cuando el Benidorm Fest. Elegimos cantante, sí, cantantaza, pero no le acompañaba la canción. Y aunque la sevillana ha sacado petróleo del tema y, volvemos a insistirlo, lo ha hecho de miedo, es muy difícil ganar y aun quedar bien en Eurovisión si se llega al certamen con una propuesta que hasta la víspera pasaba tan desapercibida en las preferencias de los eurofans. Su propuesta escénica, tan bien ejecutada y que tan buen sabor de boca nos ha dejado en este trozo de la Península, pecaba, la verdad sea dicha, de nulo riesgo creativo y abusaba de los clichés, tanto en el concepto diva como en lo que se refiere al typical spanish a sabiendas de que el sombrero cordobés, la bata de cola y lo lolailo jamás nos ha dado un solo punto en Eurovisión. Pero ahí seguimos erre que erre.
¿Significa el puesto de Melody que ella haya sido peor que muchos de los que han quedado por delante en la tabla? En absoluto. Y, además, poco chovinismo hay en señalar que nuestra representante ha sido objetivamente de las mejores artistas de la noche. Pero lo que se vota es un pack. Y por desgracia este pack no ha empujado a tanta gente a considerarlo como su favorito como para escalar puestos.
El Benidorm Fest es un fabuloso escaparate musical, un gran invento de RTVE que se ha consolidado en muy poco tiempo como una plataforma envidiable. Pero si inevitablemente la peña va a terminar midiendo su éxito en función del resultado eurovisivo, y si damos por bueno que al Festival vamos con ánimo de intentar ganar y no sólo de participar, qué duda cabe de que hay que darle la vuelta a muchas cosas que fallan estrepitosamente en el proceso de elección de la candidatura. Porque por desgracia el chanelazo fue un espejismo.
Ha tenido la 69ª edición de Eurovisión una calidad musical media baja. Han faltado eso que llamamos canciones himno, y el siroco de las tendencias ha llevado a demasiados países a despreciar las melodías, dando como resultado un Festival con muy poquitas composiciones para el paladar mainstream pero sin que a cambio hayamos escuchado apenas tampoco temas memorables. En este sentido, quienes tantas veces hemos lamentado que 'Esa diva' no fuera un hitazo, sino más bien una canción con sonido algo trasnochado, nos hemos tenido que tragar que casi toda Europa decidiera que éste no era año en el que las canciones fueran lo más importante en el Festival de la Canción.
Lo que los primeros puestos de la tabla nos indican, en todo caso, es que en general sólo tienen posibilidades de ganar una competición tan difícil aquéllos que consiguen dar con una fórmula que genera mucha atención positiva desde que se anuncian. Por eso cuenta menos todo el trabajo de las televisiones y de los artistas como Melody en los cuatro meses previos a Eurovisión que el trabajo de los cuatro de antes, que nadie ve. Y ahí es donde TVE debe ponerse las pilas mañana mismo si quiere que algún día en la gran noche de la música y la televisión escuchemos al portavoz de algún que otro país pronunciar el "Spain, twuelve points".
https://www.elmundo.es/internacional/2025/05/18/68291b5221efa0103c8b4585.html