Antes de volver a montar en Trufo, Milly se acercó a Zopilote con un dedo en el mentón en gesto dubitativo: había esperado alguna reacción del caballo si su vida peligraba, pero ni con los lobos había empleado magia alguna ni hecho nada, ni aquí había intentado planear cuando casi no conseguía saltar la brecha del suelo. Y sin embargo sabía que no era un caballo normal, para empezar tenía alas y a veces gesticulaba como si entendiera más de lo que dejaba entrever. El color de su piel y su cabello le resultaban familiar, aunque no de alguien que hubiera conocido en esta realidad, ni en la anterior de hecho, pero sí entre medias. Lo miró a los ojos, para asegurarse de su color.
--Es la única montura grande disponible para que te subas Rachel, pero no sé si querrá, ya nos dijeron que era caprichoso con eso. Pero, ¿qué eres? No un caballo, los caballos no tienen alas. ¿Puedes cambiar a forma humana? ¿Hay manera de devolvértela? Y si... --Milly hizo una pausa teatral esperando atraer la atención del extraño animal, para intentar después una pequeña revelación y ver si captaba alguna reacción por parte del caballo alado--. ¡Espinocho, Espinocho, Espinocho!