Todos
El camino continúa por la cornisa cuando el aire cambia. No es viento. Es batir de alas.
Primero es un sonido lejano, irregular, como de cuero tensándose y soltándose. Luego sombras cruzan la roca, rápidas, nerviosas, proyectadas por el sol ya inclinado. No vuelan alto. Vuelan buscando algo.
Desde lo alto del desfiladero aparecen varias criaturas pequeñas, de alas membranosas y cuerpos delgados, casi famélicos. No son grandes, pero sí numerosas. Sus ojos son demasiado claros para la luz del día, y chillan entre ellas con sonidos cortos.
Reptadores alados. Carroñeros de risco. Describen círculos amplios, bajando poco a poco, probando la reacción del grupo. Una se acerca demasiado y se aparta cuando King gruñe; otra se posa en una roca más arriba y golpea la piedra con las garras, marcando territorio.
El sendero es estrecho. No hay espacio para correr. Tampoco para una batalla abierta sin consecuencias.

Vamos a obviar las casillas verticales para no complicar la cosa. Tirad Iniciativa.