Permítanme que lo exprese con la claridad que sus entendimientos —limitados por la pereza intelectual y la dependencia de titulares fáciles— jamás alcanzarían por sí mismos. El mundo no terminará por bombas termonucleares, ni por meteoritos cinematográficos, ni siquiera por las cacareadas inteligencias artificiales que tanto entusiasman a los ingenuos. El derrumbe, señores, será mucho más vulgar y mucho más humillante: vendrá de la mano del escarabajo de la patata.(1)
Sí, ese insecto que ustedes reducen a una anécdota agrícola, un “problemilla” de campesinos. Pues bien: esa criatura es, en realidad, la antesala del hambre universal. Y el hambre, por si lo han olvidado, ha derribado imperios mucho antes de que existiera siquiera la pólvora (2). No fueron las legiones bárbaras las que hundieron Roma, sino la incapacidad de alimentar a sus masas. No fue el ejército francés el que humilló a Rusia en el XIX, sino el invierno aliado con la escasez. Y aquí estamos, repitiendo la historia como siempre: incapaces de ver que el enemigo verdadero no viste uniforme ni ondea bandera, sino que se oculta bajo un caparazón rayado.
El escarabajo de la patata representa lo que la humanidad se niega a admitir: que nuestro sistema global depende de unas pocas plantas, y que basta una plaga obstinada para hacer tambalear el castillo de naipes. ¿Saben ustedes cuántos millones dependen de la patata como alimento básico? No, por supuesto que no lo saben: están demasiado ocupados(3) (4) discutiendo trivialidades en redes sociales. Pues yo se lo diré: hablamos de poblaciones enteras, desde América Latina hasta Europa del Este, donde la ausencia del tubérculo equivale a la inanición.
Cada vez que el Leptinotarsa decemlineata despliega su ofensiva, no estamos ante un problema agrícola, sino ante un ensayo general del colapso. Porque este insecto, con su insolente resistencia a los pesticidas y su voracidad obscena (5), ha demostrado ser capaz de doblegar gobiernos, alterar mercados y provocar crisis alimentarias. Pero claro, ustedes —imbuidos de un optimismo pueril— siguen creyendo que la ciencia “ya encontrará algo”. Como si la biología fuese un videojuego con botón de reinicio.
El escarabajo de la patata no es una plaga más: es la metáfora viviente de nuestra decadencia (6). Nos recuerda que nuestra civilización no se sostiene sobre satélites ni algoritmos, sino sobre plantas que un coleóptero puede arrasar en cuestión de semanas. Y mientras ustedes ríen, distraídos, las larvas mastican en silencio el futuro mismo de nuestra especie.
Así que sí, continúen ignorándome, como hicieron los contemporáneos de todas las catástrofes anunciadas. Después, cuando el hambre golpee a sus puertas y descubran que el verdadero Apocalipsis no vino del cielo, sino del subsuelo de un campo de patatas, entonces quizá recuerden estas palabras. Aunque será demasiado tarde, porque para entonces el escarabajo ya habrá dictado sentencia. (7)
(1) https://link.springer.com/chapter/10.1007/978-94-011-2340-2_2
(2) https://www.torrossa.com/en/resources/an/3021762
(3) https://www.rtve.es/noticias/20250827/tomatina-2025-bunol-fotos/16707965.shtml
(4) https://elpais.com/deportes/tenis/2025-08-28/alcaraz-vence-a-bellucci-y-accede-a-la-tercera-ronda-del-us-open.html
(5) https://www.larazon.es/espana/que-fue-angela-rodriguez-pam-secretaria-estado-igualdad-caer-equipo-podemos_20250519682b251357a5aa2cde285d02.html
(6) https://revistas.uniquindio.edu.co/ojs/index.php/Disertaciones/article/view/861
(7) https://reflot.es/d/36360-el-fin-del-foro