SuperNintendo Si miras la nostalgia también estaba la liga de balonmano que era poderosa en esos tiempos, el hockey patines y el voleibol que lo daban mucho por la tele y se veían partidos bonitos. Era impresionante esa época. Otros deportistas como Ayrton Senna , Arantxa, Indurain, las motos y hasta la música, dibujos animados etc... Es que era una pasada esa época.
Yo creo que en gran parte es justo eso. Había muchas menos cosas compitiendo por tu atención. Para un crío de los 90, cada evento importante era el evento, sin ruido alrededor. No había mil estímulos pisándose entre sí.
Lo que disfruté el Mundial del 94 con mi abuelo se me quedó grabado a fuego. No solo por el fútbol, sino por el contexto: el verano, la tele, estar con él… Falleció tres años después, y ese recuerdo se ha quedado cristalizado, casi intacto. En cambio, ahora todo se mezcla: Brasil, Rusia, Qatar… te cuesta hasta ordenar quién ganó dónde. No es que te importe menos, es que tu cabeza ya no lo fija igual.
Al final la memoria no funciona como una grabadora, funciona por impacto y emoción. Cuanto más único, más emocional y menos saturado está el contexto, más fuerte se consolida el recuerdo. En los 90, un Mundial, una final de Copa de Europa o incluso un partido grande de ACB destacaban muchísimo porque había menos “competidores” en tu atención. Hoy, en la misma semana, tienes cinco series, tres partidos, dos videojuegos, mil vídeos… todo compitiendo por el mismo espacio mental.
Además, está el tema de la dopamina y la novedad. El cerebro responde mucho más a lo escaso que a lo abundante. Antes, ver un partido concreto o esperar un estreno tenía un componente de anticipación brutal. Ahora tienes acceso inmediato a todo, y eso reduce el impacto. No porque sea peor, sino porque deja de ser especial. De niños hubiéramos flipado con los tiros de Curry, las filigranas de Kyrie o los brazos de Wembanyama igual...
No es solo nostalgia o que el pasado fuera mejor. Es cómo funciona la cabeza.