Madrid es un horror. Un monstruo anciano hecho a base de cemento, coches, calor abrasador y aire de dudosa respirabilidad. Un puñado de edificios bonitos y emblemáticos no son suficientes, lo siento. Ni el retiro, que es como estar en el Sáhara pasándolas putas y que te den un vaso de agua en vaso de chupito. Se agradece, sí, pero es insuficiente.
A diferencia de París, la gente es bastante amable y hay chavalas preciosas (alguna es forera) y tiene su ocio y demás pero lo dicho, demasiado ladrillo.
El metro también es infumable.