Guarismo Unos dicen que el GSync hay que desactivarlo, otros que no. Lo mismo con el VSync (Sincronización vertical), nadie se pone de acuerdo con esto.
Todo depende del framerate de la pantalla y de los FPS que genere la GPU.
Por ejemplo, mi monitor es de 120 Hz y compatible con FreeSync/G-Sync. Si el juego nunca alcanza los 120 FPS y se mantiene siempre por debajo, no sería necesario activar V-Sync: bastaría con tener FreeSync, que adaptaría la frecuencia del monitor al framerate de la GPU.
Ahora bien, si la GPU produce más FPS de los que soporta mi pantalla, FreeSync en ese momento dejaría de funcionar al superar los 120 Hz. En ese caso aparecería tearing, y ahí es cuando resulta útil tener activados tanto FreeSync como V-Sync al mismo tiempo, o bien limitar el framerate a unos cuantos FPS menos que el máximo del monitor (117 en este caso), para asegurarte de que nunca se alcanza el límite.
FreeSync/G-Sync sincronizan la frecuencia del monitor con los FPS de la GPU, evitando desajustes visuales.
Si los FPS están siempre por debajo del máximo de la pantalla (120 Hz en mi caso), FreeSync por sí solo es suficiente. El monitor se adapta dinámicamente y no necesitas V-Sync.
Si los FPS superan el límite del monitor, FreeSync deja de funcionar porque ya no puede sincronizar más allá de 120 Hz de la pantalla. Esto provoca tearing (la imagen se rompe).
Para evitar que el framerate supere los Hz de la pantalla y aparezca el tearing, hay dos soluciones:
Activar FreeSync + V-Sync (V-Sync actúa como “tope” cuando FreeSync no puede).
O limitar los FPS a un valor ligeramente inferior al máximo del monitor (117 en un panel de 120 Hz). Así te aseguras de que FreeSync nunca se desactive y la experiencia sea fluida.