Gracias al tal Ahmed al Ahmed y su heroico comportamiento, tenemos el cuadro completo: en un lado el musulmán alimentado por el odio y la ignorancia que se dedica a cometer actos salvajes y en el otro lado el musulmán que ante una acto criminal decide poner en juego su vida para salvar vidas. Un recordatorio de que a las personas no las define la religión ni ninguna otra ideología, sino sus actos.
Pd. Cada vez que aparece alguno con la gilipollez de los japoneses suena un chupito en un bar 😂