Es fascinante leer a gente aplaudiendo esto como focas, convencidos de que tienen el carnet vitalicio de "Ciudadano de Bien" y que las balas del estado solo buscan a "los malos".
Lo que ha pasado en Minneapolis es el ejemplo de manual de por qué no se puede dar carta blanca a una fuerza federal para actuar como cowboys en zonas civiles. La narrativa oficial ha durado lo que ha tardado en salir el vídeo: ni terrorismo, ni ataque, ni nada. Una madre de 3 hijos, blanca y estadounidense (dato relevante solo para los que creen que el perfil racial te salva), ejecutada por estar en el sitio equivocado y asustarse.
El problema de jalear la mano dura y la impunidad policial es el sesgo de optimismo: pensáis que siempre estaréis del lado del que sostiene el arma. Pero la historia, desde la Alemania de los 30 hasta las dictaduras latinoamericanas, enseña siempre la misma lección: La arbitrariedad no tiene amigos.
Cuando normalizas que el Estado pueda ejecutar a alguien en plena calle y luego inventarse que era un "terrorista" para cubrirse las espaldas, has roto el contrato social. Hoy aplaudes porque crees que van a por "los otros", pero cuando esa maquinaria de violencia ya está engrasada y legitimada, no distingue. Mañana te saltas un control porque no lo viste, o te confundes de calle, y pasas a ser un "daño colateral" justificado por la misma gente a la que defendías hoy.
Sigan aplaudiendo, que el turno nos llega a todos.