El bombardeo de estímulos provenientes de las redes sociales, la necesidad de destacar y rebelarse propios de todo adolescente y la absoluta falta de disciplina en la crianza, hacen que estos fenómenos aberrantes sean la norma.
En fin, menos mal que la crudeza del mercado laboral pone a estos chicos y chicas en su sitio llegado el momento, a veces muy tarde, porque los padres sobre protegen hasta los ventimuchos, pero llega, siempre llega.