Milipu Os jodéis, mi voto vale como el vuestro. De hecho más, que confío en que nuestro líder consiga trucar el voto por correo y poder votar por triplicado
Así sí. Ésa es la actitud que uno espera de un votante del PSOE, coño: chulería y un poco de chincha-rabiña, como manda el canon del gran líder. Nada de “somos los buenos y la moralidad está de nuestro lado, pero además somos magnánimos”. No, no: sanchismo descarnado, sin ambages ni medias tintas. Al menos así hay coherencia. ¡Milipú siempre va de cara! ☺️
PAL Aquí discrepamos: también son cómplices.
Sí, pero es que si jugamos a ese juego de tirar de la cuerda para ver quién ha legitimado a quién, lo cierto es que no se salva absolutamente nadie. Todos han contribuido, en mayor o menor medida, a sacar adelante medidas bastante dantescas y, en materia de corrupción, tanto el PP como el PSOE acumulan un historial lo suficientemente nutrido como para que, si aplicáramos el mismo criterio que se aplica a otras organizaciones, merecieran figurar entre la Camorra y la Sacra Corona Unita en la lista de organizaciones criminales de la Interpol. Y, ya puestos, ser ilegalizados por asociación ilícita.
El problema es que, si aplicas el rasero que propones sin ningún tipo de matiz, te cargas el tablero entero. Y si quemas a todos los jugadores, el juego de la política deja de ser viable. Llegados a ese punto, solo quedan dos opciones: o rescatas de la quema a los peces pequeños (los que todavía no arrastran demasiada corrupción encima) o decides directamente que la democracia liberal es una farsa monumental y que lo que hace falta es un reinicio completo del sistema: volver a algún tipo de democracia al estilo griego (asamblearia, directa y reservada a una minoría de ciudadanos), montar una tecnocracia ilustrada, una dictadura del proletariado o cualquier otro modelo alternativo que a cada cual le resulte más convincente.
Pero siendo realistas, la democracia liberal todavía conserva suficiente apoyo social como para que nada de eso vaya a ocurrir a corto plazo. Así que, mientras tanto, lo que queda es un cierto pragmatismo: intentar separar el grano de la paja… o, más probablemente, seguir como hasta ahora, gestionando el sistema con soluciones de compromiso (balones a Benzema) y aceptando que el sistema es profundamente defectuoso, pero que el coste-beneficio de desmontarlo por completo resulta, hoy por hoy, inasumible.