El concepto de “bebé reborn” me parece creepy de serie. Lo miro con ojos de publicista y el nombre no hay por dónde cogerlo. Soy una persona ecuánime y neutral, y no voy a entrar a medir con escuadra y cartabón el nivel exacto de chaladura de cada cual, que bastante tengo con lo mío; pero esta idea, desde el más estricto profesionalismo, pide un rebranding a gritos. “Bebé reborn” suena a intentar colar a Chucky y Annabelle en una guardería con mochila de Pocoyó.