
Lo mejor de este discurso es que presenta a Kratos como si en los juegos originales fuera un ejemplo de masculinidad alfa cuando, en realidad, era un psicópata calvo incapaz de gestionar una emoción sin arrancarle la cabeza a alguien.
Según esta teoría, un hombre de verdad no puede madurar, reflexionar sobre sus errores ni intentar ser mejor persona. Debe permanecer eternamente atrapado en una crisis de ira adolescente porque, al parecer, el desarrollo de personaje es woke.

También me fascina que se hable de "la gente se lo tragó" cuando God of War 2018 ganó premios por camiones, vendió millones de copias y fue aclamado por crítica y público. Claro, la explicación lógica no es que fuese un gran juego. La explicación lógica es que decenas de millones de personas fueron hipnotizadas por una secta feminista internacional.

Y luego está lo de Freya purgando el machismo tóxico de Kratos. Curioso, porque yo jugué al DLC Valhalla y lo que vi fue a un guerrero aceptando su pasado sin dejar que éste lo definiera. Pero supongo que para algunos, si un personaje hace algo más complejo que gritar y matar, automáticamente le están poniendo un cursillo de igualdad.
Mi parte favorita es el terror absoluto ante la posibilidad de que una mujer protagonice un juego. No importa si el personaje está bien escrito o no. Da igual la historia. Da igual el gameplay. La mera presencia de una mujer provoca una reacción similar a la de un vampiro viendo una ristra de ajos.

Y lo de "las ventas dan igual, importa el mensaje" siempre me hace gracia. Las compañías de videojuegos son corporaciones multimillonarias. Creer que Sony sacrificaría beneficios para impartir una clase de estudios de género es como pensar que McDonald's vende hamburguesas para fomentar la filosofía existencialista.
Al final, el mensaje parece ser: "Kratos podía exterminar panteones enteros, pero el auténtico horror llegó cuando descubrió la responsabilidad emocional".
El Fantasma de Esparta derrotó a Ares, Zeus, las Moiras, Cronos y Odín.
Pero jamás pudo vencer a su enemigo más temible: una mujer de mediana edad.
