Claramente la solución es hacer más ruido que ella. Mastica con la boca abierta y respira también por la boca, que suenen los chasquidos de la lengua y los dientes bien fuertes.
El toque definitivo sería hablarle y que se te caiga algún trozo de comida o mejor, que salga alguno disparado e impacte en su cara.
En pocos días ya verás como se busca otro sitio para comer.
Eso si, durante el proceso, entre las dos seguramente será la hora de comida más asquerosa que se haya visto.