El otro día una chica, estando con amigos cenando, hablándome cerca mientras masticaba, me echó un perdigón de comida en la parte superior del antebrazo, cerca de la articulación del codo, donde nos sale músculo al doblar. Yo no me podía creer que la chica fuera a hacer como si nada, pensaba que sólo sería un mal trago en el que se disculparía y me lo quitaría.
El caso es que hizo como si nada. Siguió hablándome mientras yo sentía como el brazo me pesaba cada vez más, hasta que llegó a pesar toneladas, me lo quería arrancar, no lo moví un cm. de la posición en la que había quedado, me sentía un mutilado de guerra.
Pero lo peor fue cuando sin poder evitarlo dirigí la vista periférica hacia esa parte, mientras seguía mirándola a ella porque seguía hablándome. En ese momento vi que ESTABA AHÍ, el trozo, rojo, pidiéndome que un martillo pilón me cayerá encima del antebrazo. Me pasé media hora de pesadilla hasta que reuní fuerzas como para resucitar un muerto y me fui al baño con la excusa de mear, con el brazo dando espasmos por el camino, hasta que llegué y lo metí debajo del grifo y empeccé a echarle jabón.