Vaya por delante que no estoy muy a favor de ningún sistema monárquico en general y menos aún de uno tan estricto y protocolario como el británico. Dicho esto, lo que me sorpende de la pava ésta es pretender casarte con uno de los príncipes de la monarquía más poderosa y rígida de Europa, y a la vez pretender que te estás casando con una estrella del pop. Sabes perfectamente lo que hay detrás, y si no te gusta, hay 7000 millones de humanos más en el planeta que no pertenecen a ninguna familia real.
La historia de la plebeya que hace cambiar a un príncipe por amor queda genial en los libros y en los cuentos, pero la realidad es que tenemos capacidad de elección, y muchas veces las relaciones no salen adelante porque, aun queriendo a la otra persona, el contexto nos hace romper la relación, y no pasa nada. La monarquía no es una institución democrática, ni justa, ni siquiera es agradable, y eso lo sabe ella, lo sé yo, y lo sabe mi chihuahua. No puedes querer casarte con un miembro importante de una familia real y echar pestes luego por no adaptarte al estricto mundo del protocolo y la frialdad de trato en general de estas familias, es como pretender sorber y soplar a la vez.