Va a ser verdad lo que contaban de este tipo acerca de su dirección en las otras empresas que posee: que los directivos y los que de verdad hacían funcionar esas empresas le mentían y lo apartaban todo lo posible del trabajo real para que no se cargara el negocio con sus ideas de mierda.
El truco en Twitter es que ha fulminado a casi todo el personal, y por tanto ahora no hay nadie que le ponga un sonajero delante para distraerlo. A más poder de decisión, más la caga. Es sencillamente asombroso.
Y todavía hay gente que cree que los billonarios se merecen sus puestos.