No ha estado muy acertada entre que parece que ha contratado al estilista y maquillador del Joker, que se pone en contrapicado para que sus proporciones parezcan las de una bobina de cobre, que baila que parece mi hamster recogiendo nueces y esa sonrisa y mirada de loca-yonki.
Es que si se me acercara en un parking pidiendome el euro del carrito para un bocadillo le respondo que no se lo doy, que sé que es para drogas.