Quizás el último juego por el que tuve hype de verdad, del de leer cada pedazo de información que encontraba por Internet, del que había visto cada video y cada imagen publicada.
Lo guardo con mucho cariño pese a que si, jugablemente se le vieron las costuras de forma casi inmediata. Pero aún así, la atmósfera creada me pareció una revolución. Una revolución que me afecto tanto que convirtió el art decó en mi estilo artístico y arquitectónico favorito, de manera hasta obsesiva.
También me permitió conocer a Ayn Rand, una de las personas más peligrosas del último siglo y la cantidad de iluminados que siguen sus doctrinas.
Un juego, incluso saga, a la que le vendría genial un remake de arriba a abajo, profundizando muchísimo en sus mecánicas y, aportándole complejidad, a la vez que pones un apartado técnico con RT de auténtica locura.
Tengo pendiente rejugarlo para mi señora, ya que creo que va a disfrutar muchísimo de su imagineria visual, incluso de la narrativa, y a la vez va a ser inconsciente de su mediocridad jugable. Tanto el primero como Infinite.