Mira que soy sedentario, pero para mí fue una época muy rara, encima currando desde casa.
No llegué a agobiarme porque estaba acostumbrado a ello. Pero en ocasiones parecía una vida totalmente distinta, el no poder salir, el ver las calles desiertas desde la ventana, la gente aplaudiendo a las 20h, son cosas que no suele uno ver.
Además el hecho de estar currando desde casa provocaba que ya no me sintiese a gusto jugando luego, porque era como mi puesto de trabajo.
Y el primer día que nos dejaron salir por fin, fue extraña la sensación de dar una vuelta por el barrio con la mascarilla puesta.
Por suerte, en mi núcleo familiar no ocurrió nada malo.
Fue una experiencia curiosa, ni buena, ni mala.