Sheeper
Creo que una parte de esto se debe a que cuando somos jóvenes, estamos llenos de esperanzas y sueños, pero muchos, la mayoría, los van perdiendo con el tiempo. De pequeños, en muchas familias, se nos trata como algo especial, como al 'peque' o uno de los 'peques', lo que a veces nos hace creer que nos espera una vida maravillosa. Sin embargo, al crecer, empezamos a ver la realidad: las expectativas profesionales a menudo decepcionan, la gente puede desilusionarnos, aparecen los primeros achaques y ya no tenemos la misma energía. Finalmente, nos damos cuenta de que no somos más especiales que cualquier otra persona de mediana edad que nos rodea, lo cual es, en realidad, bastante normal, pero nuestra mente nos endulza ese pasado donde nos íbamos a comer el mundo y nos sentíamos los protas de la historia.