Pues eso, ni siquiera la compañía con el juego más jugado del mundo, un bastión de la industria, se libra de echar a la calle a cientos de personas, que serán miles a medio plazo.
Se corta el soporte de ciertos títulos, como el de cartas, y se cierran las colaboraciones con estudios indies que desarrollaban juegos bajo el lore de la saga.
Resume el estado de la industria. Se vende más que nunca, pero el aumento de costes de desarrollo y los estudios sobre poblados ponen a temblar las canillas de los inversores.