Viaje sorpresa a Roma por el cumpleaños de mi mujer. Allí, en la plaza de España, sobre las escaleras de la iglesia que hay arriba del todo, me arrodillé y saqué el anillo.
Ella me miró. Yo ansiaba un "¡Sí quiero!" Y un apasionado beso entre lágrimas. Lo que realmente me dijo fue "¿Qué coño haces?" Yo le contesté "¿A ti qué te parece?" Y ahí sí, llegó el sí y el beso apasionado.
PD: me costó horrores elegir el lugar concreto donde pedírselo. Estaba todo hasta las cejas, pero justo dio la casualidad que sobre esas escaleras no había nadie. Menos mal, porque ya me veía apareciendo en un millón de vídeos grabados por chinos.