Ayer padecí de boda convencional y clasicona. Por lo que, pese al medio punqui que todavía anida en mí, tuve que, al menos, ponerme pantalón largo y camisa de manga larga. Boda a las cinco de la tarde, en la Mallorca interior, al sol en un rostoll, sudando tanto mientras los hechos nupciales se esdevenían. A uno le dio pájara de calor.
Eso debería también ser delito: el calor y la boda.