Estuve como 6 años conviviendo con un compañero de piso mexicano, y la obsesión que tienen con el picante no es normal. Comía picante con todo: si se hacía una tortilla francesa, cogía unos chiles frescos, los quemaba en el fuego y se los comía a cachos, si iba al cine y compraba palomitas, les echaba un líquido picante que compraba de importación no sé en qué indio y que derretía las palomitas, que llegaba la época de sandía, la comía echándole un litro de Tabasco, que íbamos a un kebab, le pedía cayena en polvo y le echaba literal el cuenco entero. Era absoluta obsesión, él decía que comer algo que no picaba era como comerlo sin sal. Traía salsas y chiles que con solo tocarlo con los labios literal se te ponían como los de Melanie Griffith.
Con esto quiero decir que el picante para los mexicanos está en un gradiente que no comprendemos en Europa, y que lo más prudente es pedir las cosas muy poco picantes o sin picante, porque el tema puede acabar mal.