No es tan vasto como el Eurobasket de 2022, pero ya era hora que la selección de fútbol 'robase' un gran título cuando, en principio, no tocaba.
La generación dorada nos puso ahí, pero miras aquel equipo con retrospectiva en el que muchos suplentes hubiesen sido titularísimos en el resto de potencias, y cómo no íbamos a arrasar durante aquel lustro.
Pero esto, competir y ganar incluso cuando las vacas no vienen tan gordas, como históricamente han hecho Alemania o Italia, es lo que te convierte en una grande de verdad.
Y tiene mucho mérito, no solo por el camino, sino por cómo se han sobrepuesto a cada bache que se han encontrado. El gol en propia contra Georgia, la prórroga contra Alemania, empezar palmando contra Francia o la lesión de Rodri.
Yo no daba un duro antes del torneo, veía el techo en cuartos y ya, y me han chapado la boquita.
El trabajo de De la Fuente ha sido inconmensurable. Ha montado un equipazo huyendo de la metralla dogmática que nos llevaba lastrando diez años, a base de aplicar sentido común sin creerse más listo que nadie, apostando por un estilo de juego que potenciaba sus fortalezas y simplificando mucho las cosas.
El único lunar es su nula cintura y su pésima dirección de campo que casi nos cuesta el torneo en cuartos. Porque no nos engañemos, si Pedri no se llega a lesionar el verdadero MVP del torneo habría seguido en el banquillo hasta el 60' de cada partido, ayer vuelve a apostar por Le Normand y lo de Oyarzabal de 9 está más que comentado.
Pero al final, en la vida como en el deporte, hay que tener suerte, y este calvo a base de Ave Marías está bendecido. Que el gol de la victoria lo de su gran apuesta en el once titular y lo meta su niñita desde la sub 19 no puede ser casualidad.
Campeón de Europa sub 19, sub 21 y con la absoluta. Poca broma el profe de educación física.