
Un producto vacuo que basa toda su identidad en parasitar a otras licencias en forma de homenajes superficiales, meticulosamente diseñado para apelar a redactores de prensa de videojuegos que usan la coletilla "una carta de amor a..." en las reseñas, más gastada que el mechero de Colombo.
El juego no se atreve a profundizar en ninguna de sus ideas jugables, porque sabe que no le hará falta, porque su público objetivo solo está ahí para sacar una captura de pantalla del funkobot de Kratos y compartirla en redes sociales como ejercicio de charquismo videojuerguistico... eso, o colgar publicaciones de "el Dark Souls de los plataformeros" acompañadas de un vídeo donde se aprecia un nivel ajustado para que un niño de 8 años lo supere al quinto intento
Pero el juego es para mayores de 7 años ¿no? El sistema de clasificación para edades dice que sí, que se lo puedes regalar a tu hijo o tu sobrinita, pero entonces suerte para explicarle de donde salen el 85% de cameos basados en videojuegos con un elevado nivel de violencia explícita. El juego, como ya se ha dicho, apela a la cultura funko pop. El friki con camisa de Bazinga y que presume de su estantería de funkos, aún más si es sacándose un selfie con cara de miniatura de youtube y los funkos detrás.
Es tal el nivel de parasitismo cultural que tiene el juego, que su última fase en lugar de homenajear a Sony, simplemente se saca de la manga una fase de naves ramplona con la música de Thunder Force porque sabe que si usa sus recursos propios, nadie mostraría ninguna clase de interés.
Quizás con algo de suerte, en su próxima iteración la franquicia evolucionará un poco y pasará a ser cultura nendoroid.
Un saludo.