José Méndez Martín, doctor en Filosofía del Derecho y arquitecto técnico, se ha leído "seis veces" el libro. Méndez —que conoció a Dragó en los 80 en la Feria del Libro de Madrid, y departió largamente con él— asegura: "Mientras Dragó firmaba ejemplares, decía: 'Seguro que ese luego no se lo lee'. Era un texto difícil. También por el estilo circular de Dragó, que saltaba de un tema a otro, había que leerlo varias veces para entenderlo. Dragó tenía una cultura oceánica y fuera de lo común", afirma Méndez.
Gárgoris fue muy criticado por los historiadores porque no era una historia verdadera. Aunque se vendió como una historia mágica de España, ni era un libro de historia ni tampoco lo que entendemos hoy por mágica; término que entonces se utilizaba para hablar de algo desconocido o de lo que no se hablaba. La historia mágica era la intrahistoria del país, los sentimientos de la gente y las costumbres del pueblo", aclara Méndez.
"Es muy difícil explicar a posteriori el éxito del libro, tienes que haber vivido la época para entenderlo. El franquismo nos contó España a su manera. Luego, vinieron los relatos de los nuevos demócratas, que empezaron a salir de debajo de las piedras, y del marxismo cultural. Para los que no estábamos en ninguno de esos tres sitios, la visión heterodoxa de Dragó fue un soplo de aire fresco", recuerda Méndez.
Habla Savater: "Fue el bestseller más asombroso del mundo. Era un libro con cosas interesantes, pero duro y (aparentemente) lejano a las preocupaciones de la gente. Era muy difícil, por tanto, que llegara a la gente. El primer sorprendido por sus ventas fui yo. La única explicación que tengo es que había una curiosidad popular por España y sus tradiciones, y Dragó enganchó al lector por ahí. Pero, realmente, no tengo ni idea de por qué vendió tanto, y, si alguien dice saberlo, miente".