Venga va que no decaigan esos ánimos o, al menos, que no decaigan al mismo ritmo que decae nuestra vitalidad, que ya sólo nos quedan unos pocos años de vigor antes de la inminente decrepitud; que levantemos la moral como la senescencia levanta las últimas capas de juventud. Que las vidas son los ríos que van a dar al mar que es el morir, y aquí huele ya a salitre que echa para atrás.