Todos menos Ronan y Milly
El grupo camina de vuelta hacia el puerto, con el sol ya alto filtrándose entre las ramas. La humedad del bosque se pega a la ropa, pero la tensión ha bajado. El aire huele a tierra mojada y a savia viva. Y en medio de todos, Job camina como si flotara, los pies descalzos manchados de barro, la voz incansable.
"Cuando consiga un trabajo en el puerto… aunque sea de limpiar cubiertas, que no se me caen los anillos, con suerte me darán unas monedas. Y si ahorro, puedo alquilar un rincón donde dormir. Nada grande, una esquina seca me basta."
Sonríe mientras habla, con una dentadura rota pero honesta. Mira al cielo como si allí estuvieran las respuestas.
"Con eso podré comprar pan, leche… y si el mercado no está muy caro, algo de lana para un chal. Mary siempre tiene frío por las noches. Annie se las apaña mejor, es mayor. Seguro que ahora mismo la está cuidando."
Se detiene un momento a mirar el río que serpentea a lo lejos. Suspira.
"Estarán preocupadas, claro. Pero en cuanto me vean, cuando termine de limpiar la cubierta… se van a alegrar tanto. Mary corre más que los gatos cuando me ve volver. Y Annie finge que no llora, pero se le enrojecen los ojos."
Sigue caminando, casi sin esperar respuesta.
"Si consigo quedarme fijo, puedo mandar buscar a un primo mío en Secomber, que tiene vacas. Quizá me vende una cabra. O me la presta. Así tendrían leche fresca sin gastar. Y ya con eso… ya podríamos empezar de nuevo. Una vida más tranquila."
Se gira hacia Bailey, sonriente.
"Gracias por sacarme de ahí. No sé si fue suerte, pero de verdad… gracias.
Hace un gesto torpe, casi una reverencia andando.
Luego, mientras el grupo avanza, entre frase y frase, Job también va soltando detalles del robo, sin mucha conciencia de su gravedad:
"Yo solo abrí una tumba. Una que estaba medio abierta ya, ¿eh? No me cargué nada. Solo pensé que… si quedaba algún anillo, una moneda. Un bastón con pomo bonito. Lo coges y lo vendes. Nadie echa de menos a un muerto de hace cien años, ¿no?"
Mira al grupo con una sonrisa culpable.
"Claro que no sabía que había símbolos. Ni huesos con marcas raras. Ni que el bosque me iba a tragar como si fuera estiércol. Qué va. Yo solo quería darles de cenar."
Al fondo, entre la niebla que empieza a disiparse, el Furia de los Mares espera en el muelle. La tripulación empieza a moverse. Pero algo, en el tono de Job, en su humildad, en su esperanza absurda, empieza a pesar en el aire.