Todos
El aire cambia antes de que alguien pueda gritar.
Milly alza una mano —no para conjurar, sino para imponer su voluntad al tiempo.
No hay luz, ni explosión, ni palabra en lengua arcana.
Solo un pulso.
Un latido sin eco.
Y entonces, todo se ralentiza.
Los dardos surcan el aire como insectos atrapados en miel.
El mundo sigue, pero más lento.
Más denso.
Más obediente.
La Compañía del Unicornio avanza.
Rachel se lanza al frente con la capa ondeando en silencio.
Bailey gira el rostro, como si el tiempo la rozara sin tocarla.
Elijah no corre, camina, cruzando el umbral del peligro como quien cruza un recuerdo.
Pizz, boquiabierto, da zancadas cortas como si no pudiera creer que aún respira.
A su alrededor, los dardos cuelgan en el aire, clavándose al final de su movimiento.
Uno. Otro. Muchos.
Quedan atrás como un muro de pinchos recién despertado.
Y cuando el hechizo se rompe, el aire se sacude con un golpe sordo:
tac-tac-tac, los últimos proyectiles terminan su danza, inútiles.
La trampa ya ha fallado.
La Compañía del Unicornio pasa intacta.
Y por un instante, incluso el túnel parece respetarlos.
Pizz sigue intacto. Milly pierde dos puntos de Maná.