Rachel
Bori escucha a Rachel con una sonrisa taimada, ladeando ligeramente la cabeza.
"Señorita… hacer explotar cosas en el aire es harto complicado", dice, con una pausa calculada—. "Aunque, eso sí, sumamente divertido. Pero tengo algo mejor."
Saca del bolsillo una pequeña esfera plateada, pulida y claramente gnómica en su factura. La sopesa un instante y añade:
"Deséeme suerte. La necesitaré."
Y la lanza contra la alimaña más cercana.
Puntería: 6, 3. Fallo.
Suerte: 4. Éxito.
El tiro no da en el blanco, pero el capricho del destino desvía la esfera un poco más al norte. Lo suficiente. La detonación estalla justo entre dos alimañas que apenas tienen tiempo de reaccionar. No hay fuego. No hay humo. Ni siquiera un estruendo.
En su lugar, se despliega una enorme red imposible, plateada y pesada, con lastres en los extremos que caen como anclas. Una obra maestra de artesanía mágica gnómica. Dos de las criaturas quedan atrapadas mientras los pesos las arrastran inexorablemente hacia el borde del risco. Las chilladoras luchan, graznan, se retuercen.
Fuerza de la alimaña 1: 5, 1. Fallo.
Fuerza de la alimaña 2: 3, 6. Éxito.
Solo una logra zafarse a tiempo. La otra desaparece precipitándose en el vacío, envuelta en la red, arrastrada hacia el abismo en un enredo absurdo y letal.
