Milly, Elijah y Pizz
Morvan escucha sin interrumpir, con las manos apoyadas en la mesa y el peso ligeramente inclinado hacia delante, como quien presta atención sincera… o estudia una pieza valiosa. Cuando habla, su voz es calmada, modulada, casi cordial.
"No es necesaria la gratitud", dice primero, a Elijah. "La hospitalidad es una herramienta útil en tierras donde la hostilidad es la norma. Y, además, comer juntos aclara muchas cosas antes de que empiecen las preguntas incómodas.
Esboza una sonrisa leve, consciente.
"Tenéis razón: no soy un simple vigilante. Esta torre es un resto menor de algo que fue más grande… y yo soy lo que queda para ocuparse de que no se olvide del todo."
Luego gira ligeramente la cabeza hacia Milly. No de forma brusca, sino con una atención deliberada. Sus ojos se detienen en ella un instante más de lo estrictamente necesario.
"Y hacéis bien en ser cautos", continúa—. "La amabilidad rara vez es gratuita. Casi siempre responde a un interés. El mío, al menos, no es inmediato ni vulgar… y, desde luego, no camina en dirección opuesta al vuestro."
Camina despacio unos pasos, sin alejarse demasiado.
"No duermo mucho, no", admite. "El sueño es un lujo cuando se vive rodeado de ruinas. Y sí, he estado recogiendo la segunda planta. No me agrada dejar rastros innecesarios cuando espero compañía."
Se detiene frente a ellos, relajado.
"No os he hecho venir para amenazaros ni para pediros nada… todavía", dice con calma—. "Os he invitado porque sois interesantes. Porque habéis llegado hasta aquí contra todo pronóstico. Y", añade, volviendo la mirada hacia Milly— "porque deseo que sigáis vuestro camino y ver de qué sois realmente capaces."
Inclina la cabeza casi en gesto de respeto.
"Claro que ese deseo no es compartido por todo el mundo", dice, entrelazando los dedos con calma—. "Hay quien os quiere muertos. Más de lo que ya lo estáis", añade, dedicando a Milly una sonrisa casi afable. "Especialmente a ti, arquero", continúa, volviendo la mirada hacia Elijah—. "Se acerca quien te marcó con la luz de un dios lunático. El perro de un falso barón."
Hace una breve pausa antes de proseguir, como si ordenara los hechos en su mente.
"Ahora mismo él y sus hombres descienden por el sendero de Kash Moru. Han sido entorpecidos, incluso dañados, por la acción de uno de los vuestros, según tengo entendido. Pero no bastará. Ese guerrero es formidable, sí, incluso con la ayuda de la gente de los riscos… pero no será suficiente para detenerlos."
Su tono no es alarmista; es práctico.
"El bastardo de la Marca Escarlata no viaja ligero. Trae soldados con pieles de acero, guerreros curtidos, arqueros… y un mago. Y no os perderá el rastro. Os perseguirá hasta Brumaverde y más allá."
Mira de nuevo al grupo, sin reproche alguno, pero apuntando un hecho.
"Tal vez habría habido otra salida si los chamanes de Kash Moru hubieran removido el sello. Tal vez habrían perdido vuestra dirección. Pero es tarde para lamentos. La historia ya se ha entrelazado de este modo, y ahora exige que continúe."
Da un paso lento, medido.
"Mi propuesta es sencilla y, precisamente por eso, inesperada: haced lo que no esperan. Emboscadlos aquí, entre estas ruinas, y terminad con ellos. Dejad de dormir con el miedo constante a ser cazados cada noche."
Su voz se vuelve más grave al concluir.
"Ahora que sabe que os dirigís a Brumaverde —porque no hay otro destino posible desde estas tierras—, Eldric no se detendrá. No lo hará… si no sois vosotros quienes lo detengáis primero."
En ese momento Rachel, Ronan y María irrumpen en la habitación junto a Bailey y King. Bori sigue abajo, preparando las cosas para partir.