Si mis hijos sacan más de un 7 en el colegio, me cabreo.
Y no, no es ninguna broma.
Para mí, una nota por encima del 7 es una señal de que han perdido el tiempo.
Un tiempo valiosísimo que podrían haber dedicado a jugar, a relacionarse, a desarrollar el sentido común.
El sistema educativo nos ha vendido que memorizar es aprender.
Y nos pasamos años estudiando cosas inútiles.
¿Te acuerdas de las partes de un volcán?
Porque yo no.
Pero lo que nunca se me olvidará es la cara que se me quedó al ver mi primera nómina.
Aluciné cuando vi que casi el 50% de mi sueldo se había esfumado.
En ese momento pensé que por qué nadie me explicó eso antes.
Salimos del colegio sin saber interpretar una nómina, sin entender qué es un recibo de la seguridad social, sin la más mínima educación financiera.
Hoy en día, para memorizar datos ya están Google y ChatGPT.
Lo que necesitamos son personas que sepan buscarse la vida.
Por eso en mis empresas me dan igual los currículums o los expedientes académicos.
Quiero gente que resuelva problemas, no que me recite un libro de texto.
El mundo real va de otra cosa.
Y eso no se aprende memorizando.