Si es que esto es una cuestión que no tiene mucha vuelta de hoja: es incompatible ser tolerante e inclusivo con la adopción culturas y religiones (o, más particularmente, sectores radicales de las mismas, que son el mayor problema) que chocan directamente con los valores de una sociedad. Es contraintuitivo querer tener libertad sexual o igualdad de género y a la vez tolerancia con la presencia de subconjuntos radicales con valores de corte homófobo y misógino. En el momento en el que buscan invalidar o sustituir tus valores, oponerse a ello ya no es racismo, es respeto por uno mismo.
Cada quien es libre de tener sus valores, su cultura o su religión siempre y cuando no invalide la libertad de los valores, cultura y religión del prójimo, independientemente de nuestra propia opinión de ellos. Y es evidente que hay valores, culturas y religiones incompatibles entre sí, y se quiere correr un tupido velo con ello por mil motivos contextualizables en debates propios. Cuando se ven situaciones como esta, es imposible defender una inclusividad sin barreras, porque simplemente la sociedad humana no está estructurada así. Es utópico o ingenuo pensar lo contrario, bajo mi punto de vista. Ser inclusivos, sí, pero desde el respeto básico por el prójimo y por el lugar que te acoge.