La medida de contar con detectives privados para desenmascarar conductas abusivas entre los funcionarios que se encuentran de baja laboral adoptada por el Ayuntamiento de Fuengirola (Málaga) y tratar de frenar con ello el absentismo laboral ha desatado la polémica sobre lo que muchos consideran una intromisión excesiva en la vida personal del empleado, pero también ha puesto al descubierto que hay quienes se escudan en la enfermedad para escaquearse y no acudir al trabajo.
Este es el caso de un maestro de Sevilla afincado en Málaga, Jaime-nombre ficticio, ya que prefiere mantener el anonimato para no enfrentarse a problemas legales- que necesitaba conseguir tiempo para cambiar de trabajo y se sirvió para ello de una baja laboral fraudulenta. Como vio que "no pasaba nada", la amplió un poco más para irse de vacaciones pagadas.
Jaime llevaba años pensando realizarse una operación estética. Un golpe en la cara tras una caída siendo aún un niño, le había deformado levemente la nariz. Esta ligera desviación del tabique nasal, que sus familiares y amigos nunca consideraban grave porque apenas si se le notaba, a Jaime le causaba cierto "complejo, inseguridad en las relaciones personales y muchos problemas para respirar, sobre todo durante la noche", ha explicado a EL MUNDO.
En 2023 se lió la manta a la cabeza, buscó un cirujano con buenas referencias y en febrero de 2024 se operó. El tiempo estimado para una intervención de las características de la suya es de dos semanas, pero Jaime logró alargar su baja más de dos meses para poder cambiar de trabajo en este tiempo y pasar unos días de vacaciones en Nueva York, confiesa.
Mientras organizaba su intervención le confirmaron que le habían seleccionado para una "muy interesante oferta de trabajo" en Madrid, donde vivía su pareja y para la que se había postulado tiempo atrás, relata a este diario. La cuestión es que debía trasladarse hasta la capital para realizar un curso de formación de varias semanas previo a su incorporación. Luego, su permanencia en la nueva compañía quedaba sujeta a un periodo de prueba de un mes.
Jaime, que tenía un contrato fijo y algunos años de antigüedad, quería aceptar la propuesta de Madrid, pero no renunciar a su trabajo antiguo antes de tener la certeza de que se quedaría en el nuevo. Como no tenía vacaciones hasta Semana Santa y lo de pedir días sin sueldo no era para él una opción, pensó que la mejor manera de ausentarse de su puesto no era otra que la baja médica. Cuadró la fecha de la intervención con el curso y se operaría dos semanas antes de la formación, luego alargaría la baja.
Una vez operado y cuando el cirujano le fue a dar el alta para incorporarse, le comentó que no se encontraba muy bien y le pidió que le ampliase el tiempo de postoperatorio unos días más. El especialista no dudó de Jaime. Con ese informe se dirigió a su ambulatorio y el médico de cabecera -ajeno a la realidad- le extendió la baja otra semana más y así, hasta en dos ocasiones más. Gracias a esto, pudo trasladarse a Madrid a casa de su chico y realizar la formación que le pedían.
En la compañía nueva le habían dado el "OK", aunque la incorporación no era inmediata de manera que Jaime debía volver al trabajo, pero su familia organizaba un viaje a Nueva York y quería acompañarlos. Como pedirle al médico que le diese más días de recuperación era prácticamente imposible, un buen programa de diseño y un amigo de confianza que sabía cómo manejarlo hicieron el resto.
Al final, los documentos que presentó ni siquiera eran reales, pero "nadie dudó de un chico amable y educado", explica Jaime, que se fue de vacaciones pagadas y cambió de trabajo mientras estaba de baja.
En este tiempo, Jaime estuvo cobrando su salario pero no se siente mal por ello, "siempre he pagado impuestos y he cumplido", dice. "Lo único que hice fue recuperar lo que era mío cuando me hacía falta. Sin más".
Por supuesto, se alegra de que la compañía para la que trabajaba no contratase a un detective para confirmar su situación como ha sabido lo hace el Ayuntamiento de Fuengirola, de haberlo hecho es consciente de que habría perdido el trabajo y se habría enfrentado, incluso, a un problema con la Justicia por "lo de los informes".
Para el Consistorio de este municipio malagueño, que sólo en el primer trimestre del año pasado registró una tasa de absentismo laboral cercana al 11% y que destinó medio millón de euros de los casi dos millones que costaron las bajas laborales de sus empleados, el objetivo de la medida no es otro que "prevenir conductas que puedan perjudicar al conjunto de la plantilla municipal".
"Se trata de una medida excepcional para casos con indicios claros de abuso, no una política generalizada", han explicado a este diario desde el Ayuntamiento, y con ella "no se busca vigilar a los trabajadores" sólo a quienes "pudiesen hacer un uso indebido de la baja laboral, lo que perjudica al resto de empleados y a los servicios que se prestan a los fuengiroleños y visitantes".
https://www.elmundo.es/economia/2025/08/27/68af44a7e4d4d891798b459b.html