Breath of the wild. Es mucho más genuina, con un tono melancólico que encaja perfectamente con la ambientación y proposición del juego, y con lo que viene después (La meseta de los albores, un campo de pruebas en el que aprender las mecánicas del juego a un ritmo muy tranquilo y pausado). La de Tears of the kingdom es una imitación, y no consigue impactar de lleno la primera vez (De hecho, impacta más cuando la ves de nuevo en rejugadas o en youtube, por el lore del dragón divino y demás).