Vale, creía que había añadido además y bien estas ideas, ando más dormido de lo que pensaba. pero por si acaso las voy a desarrollar
las penas muy duras, incluso la pena de muerte, no reducen los delitos graves, y eso está ampliamente demostrado por décadas de estudios criminológicos
el crimen no funciona con lógica de “amenaza = obediencia”. la mayoría de la gente que comete delitos graves no lo hace calculando las consecuencias como si fuera una ecuación, sino empujada por impulsos, desesperación, emociones intensas o entornos sin control. el miedo al castigo solo funciona si la persona cree que la van a pillar, no si el castigo es más o menos bestia. y como en muchos casos los criminales piensan que no los atraparán, les da igual el tipo de pena.
para colmo, cuando las penas son extremas, no se crea respeto por la ley sino miedo al sistema, lo que genera más violencia, menos cooperación y más brutalidad policial o judicial. lo que de verdad disuade es la certeza de ser descubierto y condenado, no la severidad del castigo. o sea que deberia haber más investigación eficaz, más justicia rápida y menos impunidad, y no penas salvajes que solo sirven de espectáculo político y para satoisfacer a una plebe rugiente que quiere sangre y venganzas.
las sociedades con menos delitos no son las que más castigan, sino las que mejor previenen en educación, salud mental, igualdad, oportunidades, confianza en la justicia etc porque la delincuencia nace del caos social, no de la falta de terror. hace falta construir, no destruir.