El Evangelio según Iceta
El pasado 23 de abril, y en declaraciones al diario Sport, el ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, dijo eso de que él no seguía muy de cerca el caso Negreira y, por si fuera poco lo anterior, se atrevió a citar el Evangelio según San Juan, en concreto el versículo 7 del capítulo 8, que hace referencia al episodio de la mujer adúltera. Dice Nuestro Señor Jesucristo lo siguiente: "El que de entre vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella". Iceta, que si no sabe nada de cultura y menos aún de deportes no está el hombre como para citar correctamente el Nuevo Testamento, añade en su entrevista, ya digo que citando mal a San Juan, eso de "quien esté libre de pecado que tire la primera piedra". Lo cita mal y lo interpreta peor, lo que no resulta tan raro viniendo de un socialista, porque a Jesús no le da igual el pecado, no le está diciendo a la mujer que no pasa nada, que siga adelante con su vida haciendo lo que le dé la gana. Lo que hace Jesús, que es por cierto el único que tiene verdadera autoridad para condenarla es perdonarla. Jesús, según he leído, no desmiente la ley de Moisés, pero con su perdón inicia una nueva era, supone un cambio, una fractura en la vida de la mujer adúltera, un antes y un después.
Mal interpretado por lo tanto el Evangelio Según San Juan y, en lo tocante al Barçagate, peor aplicado. Porque, aunque hijo de Dios, Iceta está bastante lejos de ser Nuestro Señor Jesucristo y cuando dice eso de que quien esté libre de pecado tire la primera piedra, lo que está haciendo en realidad es sugerir que todos los clubes de fútbol han pagado al vicepresidente arbitral o, en su defecto, fomentar que, si no lo han hecho, se lancen a hacerlo cuanto antes para así buscar la neutralidad, que es lo que dice Negreira que buscaba el Barça pagándole los 7’3 millones de euros. ¿Diferencias entre Jesucristo y el ministro de Cultura y Deporte además de las evidentes? Bueno, Nuestro Señor no estaba fomentando el delito ni recreándose en el pecado sino que, desde su posición de privilegio puesto que es el Hijo de Dios, estaba perdonando a la mujer. Lo que, sin embargo, hace Iceta es justamente todo lo contrario: aunque sin aportar ningún dato, intuye que todos han pagado, tapa el escándalo o lo modera y, como decía, convoca a los demás clubes a que hagan lo mismo. Porque como, además, tras oír estas delirantes declaraciones del ministro, ningún presidente salió a decirle "oiga, yo sí estoy libre de pecado, yo no pagué nunca, yo sí puedo exigir que se depuren responsabilidades", el silencio generalizado puede dar a entender que efectivamente Iceta, que algo sabrá, tiene información, que no aporta, acerca de que los demás han hecho lo mismo. Y eso lo pueden decir Freixa o Masfurroll pero, y menos sin ninguna prueba, lo puede decir el ministro. Lo suyo es de dimisión pero ya sabemos que aquí nadie se va a menos que sea a través de una puerta que gire en todas direcciones.
El Evangelio según San Juan dice una cosa mientras que el Evangelio según Iceta dice otra muy distinta, dice "pelillos a la mar", dice "olvidemos esta insignificante anécdota", dice "si yo os contara…" Y puede que todas estas cosas que dice el Evangelio del ministro tengan que ver con que él nació en Barcelona, pertenece al PSC desde 1978 y es asiduo al palco del Camp Nou. Lo que dice Iceta, y es algo terrible que no haya llamado la atención absolutamente de nadie, es que partamos desde cero, que se haga la vista gorda y que todos bailemos al ritmo del "Don’t stop me now" de Queen, como hizo él en el arranque de la campaña electoral de 2015. Dicen que esa es la canción ideal para sentirse bien. La letra es la siguiente: "Esta noche voy a pasarla bien de verdad. Me siento vivo. Y al mundo lo pondré de cabeza, ¡sí! Estoy flotando en éxtasis. Así que no me detengas ahora, no me detengas" Eso es lo que el Evangelio según Iceta sugiere que hagan los clubes, que pongan al mundo de cabeza, que floten, que lo pasen bien y que se sientan vivos. Y que paguen al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Nadie les detendrá, y menos aún este Gobierno que pretende que el Barçagate se difumine como lo hizo el escándalo del Tito Berni, el de los ERE o el de la ley del sólo sí es sí. Parafraseando al gran Freddie Mercury, seamos como un coche de carreras que pasa por ahí, como Lady Godiva. Como una estrella fugaz saltando por el cielo. Como un cohete rumbo a Marte en un curso de colisión. Incumplamos la ley pero hagámoslo con felicidad. Seamos cómplices pero disfrutando. Hagamos, en fin, de nuestra capa un sayo pero como una bomba atómica a punto de explotar. ¿Es o no es para cambiar de nacionalidad? ¿Es o no es repugnante y asqueroso? Lo es. Así que… ¡todos a bailar!