A la detención nº 100, los nacionales le ponen un lazo con las esposas, le aplauden al entrar en comisaría, y le regalan una cesta con ibéricos y una botella de vino.
De todas maneras ser delincuente en este país es la risa. Ayer mismo estaba deteniendo a un chaval en la calle, y digo chaval por que igual no tenía ni los 20, y riéndose y tomándoselo a coña. Seguro que no era la primera vez y sabrá que va a tardar menos en salir que en entrar.