Odio los gimnasios con toda mi alma. Y mira que he hecho máquinas toda mi vida, pero en casa. Y cuando me mudo y no tengo posibilidad de tenerlo en casa, como ahora (motivos de fuerza mayor aparte) que estoy esperando a poder tener mi gimnasio montado en primavera, le doy a la natación.
Y con las chicas buenorras yendo ajustadísimas, por ejemplo en el gimnasio a la entrada de mi piscina, lo paso fatal. Me pongo de un sucio, un guarro y un salido que es insoportable. Es mi instinto, no puedo evitarlo. Lo que no haría nunca es mirar de forma que pudiera violentar a nadie, pero los ojos se me van un poco de soslayo y no lo paso bien poniéndome así, pero es que hay que tener horchata en las venas para tener eso delante y que no te entre la bilirrubina por dentro. Ya me pasa en la piscina, que al ir con máscara se ve muy claro bajo el agua, aunque ahí directamente evito mirar porque siento que todavía violo más la intimidad de alguien que no tiene más remedio que nadar en bañador (aunque no sé hasta que punto es necesario el bañador de tanga brasilero que van marcando potorro). Y también en la piscina es más fácil porque literalmente no paro de nadar en una hora.
En resumen: lo llevo mal y no quiero ir al gimnasio ni loco, por ese motivo y por otros.