Elijah
De pronto, Elijah dispara sin previo aviso. El estampido resuena en la bruma y, casi al instante, algo cambia. La niebla comienza a disiparse, no del todo, pero sí lo suficiente como para volverse más liviana.
A unos metros de distancia, junto a una corriente peligrosa, se alza un palo ritual clavado en el lecho del río. De su extremo cuelga un pequeño caldero ennegrecido, suspendido por cadenas toscas. No hay fuego bajo él, y aun así hierve lentamente. De su interior brota la niebla que envuelve el lugar.
Poco a poco la niebla vuelve a tomar su lugar.