Milly
Bori le entrega los mapas a Milly con un gesto amable.
A Milly le llama la atención un mapa, no a escala, pero interesante.

Pizz
Ante las palabras del goblin, Bori suspira, cansado incluso antes de responder. Se ajusta las gafas de ver de cerca, ladea la cabeza y niega despacio.
"No, Pizz. Yo no te acompaño a jugar con “gatas”. A mí me gustan los gatos…", dice con toda naturalidad.
Al decirlo, lanza una breve mirada a Elijah, apenas un gesto. Luego señala con el pulgar por encima del hombro, hacia el sendero que se abre entre las casas.
"Ahora bien, si lo que buscas es eso, sigue ese camino. No tiene pérdida", añade. "Verás luces, ruido y un ambiente… muy explícito."
Hace una breve pausa, como si recordara algo importante. Rebusca en una bolsa que lleva al cinto y la extiende hacia Pizz.
"Ah, y hablando de invitar… lo prometido es deuda", dice. "Aquí tienes. Las veinticinco monedas de plata. Para Rachel."
Solo entonces, como si ya hubiera cumplido con todas las obligaciones prácticas y morales del momento, se aferra a su salvavidas habitual.
"Además, estoy muy ocupado", continúa. "Tengo varios planes en marcha. Ideas. Proyectos. Inventos…"
Empieza a animarse.
"Estoy trabajando en un nuevo diseño de cargas explosivas con detonación controlada", empieza, animándose. "Núcleos compactos, más potencia y menos dispersión… y, si todo sale bien, un sistema de activación retardada que no vuele al usuario por los aires."
Hace un gesto con las manos, dibujando formas invisibles en el aire.
"También estoy probando carcasas con fragmentación direccional y mezclas más estables para transporte prolongado. Nada improvisado, claro. Todo muy medido."
Se aclara la garganta, cada vez más metido en su discurso.
"Y eso sin contar el prototipo de caldero portátil presurizado para preparar compuestos explosivos sobre el terreno. Regulación térmica precisa, válvulas de seguridad redundantes… una maravilla."
La verborrea gnómica se desata.